La Semana Santa nos regala cada año la novedad de un Dios que muere y resucita por nuestra salvación. Son días de fe, emoción, silencio, liturgia, oración. Queremos acercarnos más a Jesús, en su camino hacia la cruz y la gloria, de la mano de nuestra Madre, la Virgen María, recordando que el pesebre de Belén y la cruz del Calvario son de la misma madera: la del sufrimiento hecho amor.
Compartimos el texto del Via Crucis diocesano, que tuvo lugar el pasado 6 de abril en el Santuario de Belén. Escuchamos a María y junto a ella oramos a su Hijo Jesús, nuestro Salvador.





